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TREMENDO SHOW
domingo, marzo 28, 2004
  RETIRADA!

Tengo que continuar relatando este relato que me hizo de alguna manera sacar la cabeza de debajo del agua. Lo que debo comenzar por decir es que la percepción de todo el fenómeno es muy distinta de la que tenía ayer. Me vestí de rojo, lo que de alguna manera causó sensación. Roses are red. Me encontré nuevamente con el que tenía proyectado iba a ser mi amante por una corta temporada, el del saxofón francés, pero poco a poco, paso a paso, gesto a gesto, me fue mostrando una cara que me espantó totalmente. Después de unos cuantos actos calientes, calientes, decido llevarlo conmigo a una fiesta en la que todo el sueño o el gran invento de mi mente impostora se derrumbó, cayó por el piso. Nada que hacer, el hombre daba pena por su ingenuidad y su estilo absolutamente fuera de lugar. ¡Qué verguenza! Sus actos y sus palabras: indescriptibles. Lista para el recuerdo: mutantes que existen, juegos de ruidos estridentes, palabras completamente incongruentes, mucha bareta, danzas exóticas marciales. Sentí algo así como compasión y repulsión. No debo negar que la atracción física subyace aunque ya se vuelve puramente animal pues mi mente sale corriendo ante la idea de tener algún tipo de contacto con él. Mostró una extraordinaria facilidad para llegar a estados de éxtasis que provocan risa y me hizo sentir como ... ¿es incorrecto que lo vea de ese modo? El caso es que pasar a este nivel de comprensión del otro me parece que nada, nada, nada. Ya no quiero escuchar el saxofón, ya me dejaron de seducir sus historias sobre el mar y ya, no sé si deba rendirme a los instintos sin remordimientos pues tiene la tendencia a perder la cabeza fácilmente y sería muy mal llegar a tener un intenso acechándome, pobre francés, aunque no deja de tener su gracia pero una gracia que prefiero ver de lejos para poder reírme con la frescura con que se ríen lo otros Qué anti-climax tan tenaz, qué derrume, terremoto, tremendo show. 
sábado, marzo 27, 2004
  LA LENGUA

Entonces la historia no termina. Anoche me llama y me dice que si quiere que nos veamos, que a lo mejor podríamos no sé, algo. Cuando llega le ofrezco un té de jazmín, una flor violeta con aroma delicioso que sería algo así como la amatista de las flores. Jasmin, en francés que es su lengua. Antes de que llegara, llamé a matías que se supone lo conoce porque actuó con él en una película y me contó que una vez había salido con estos dos franceses y que los había llevado a donde las putas, donde está la mejor rumba del mundo y que éste se había enamorado de una puta y le cogía la mano (fatalidad) pero que no se la comió, conclusión: es un man tierno, fresca, hágale.- Cuando lo ví cara a cara me di cuenta que es mucho más delicioso a la vista que a la mente y al placer que hay en pensar en historias como estas. Supe mucho más de su lengua que de cualquier otra cosa, una lengua suave y acaramelada que tiene altos poderes seductores, me gustó escucharlo decirme morbosidades al oído en un francés erótico, escucharle sus cuentos sobre el mar y la música. ¿Qué es lo que está sucediendo? ¿Dónde dejaste el saxofón? 
jueves, marzo 25, 2004
  Y LOS SUEÑOS, SUEÑOS SON

Es una historia que no me imaginé todavía pudiera ocurrir en medio de un día común y corriente, un día de esos que se podrían olvidar fácilmente pero que, por cosas como ésta, entonces se vuelve un día para recordar, para escribirlo, detenerlo, sacarlo de la corriente del tiempo, paralizarlo de alguna manera por medio de la palabra. Salgo como se sale siempre del trabajo, cansada y un poco pesimista con el panorama que no promete sino un atardecer al que se mira de lejos y no de manera muy involucrada. Salgo y decido caminar a casa que es lejos pero no demasiado lejos, una distancia caminable, una distancia que ya he caminado. En el camino hago un pit stop para comprar productos de belleza, queriendo sentirme más linda, más no sé. Este plan no es uno que haga frecuentemente sobretodo porque estoy profundamente en desacuerdo con los precios que cobran por toda esa clase de delicias prohibidas y por toda esa clase de aromas, vale la pena la cursilería, embriagadores, o mejor, emborrachadores. Cuando voy llegando a casa decido atardecer en el parque y, mientras busco mi lugar en el prado, paso en frente de un hombre que miro con detalle y coquetería, pero sigo de largo. Me siento, no muy lejos de él para poder seguir mirándolo de manera indirecta, discreta, secreta, testimonial, documentaria. En todo caso el fluir de mis pensamientos me lleva de una fantasía a otra y pensé telepáticamente decirle que hablara conmigo. Lo curioso es que lo hizo, se puso de pie y caminó hasta donde yo estaba y me preguntó si podía saludarme y yo entre risas le dije que sí, claro, lo estaba esperando. Comenzamos a hablar y supe al instante que era francés y que estaba aquí hace cinco meses. Luego me dijo que fuéramos por un café y al cine y yo entre risas le dije que sí, claro, lo estaba esperando. Un minuto después me cogía la mano, me decía que era muy linda (sin productos de belleza) y yo no podía dejar de pensar, me tienes la mano cogida, estás loco, mi mano es mi mano, no es tuya es mía, ¿es correcto o no? pero, ¿con qué criterio decidirlo? era un gesto, nada más que un gesto, algo inocente y naive; y las otras eran palabras, pero palabras que habían dado en el clavo. Hablamos de esto y de lo otro, de sus experiencias y de las mías (mi vejez de 26 años, la suya de 30: buena relación numérica) de su vida como saxofonista, jazzista, yogui, taichicero, on and on, y yo riéndome pero las risas eran primero nerviosas y luego risas verdaderas. Buena conexión, un poco rápida (no debo negarlo) sobretodo porque diez minutos después trataba de darme besos y yo le preguntaba que si para él no existía el tiempo y él me contestaba que no. Diez minutos más tarde cedí a los besos, pensé bueno, podía olvidar las relaciones temporales por unos momentos. Claro, todo ocurría por oleadas de prevención y de simpatía. Llegamos tarde al cine y no entramos, tomamos un café que yo insistí que yo debía pagar y luego de conversar y de oírlo hablar francés (que debo confesar fué el climax del cuento), como para que la cosa no se pusiera de tamaño muy absurdo le dije que tenía que irme, que tenía que estudiar. Me acompaña a mi casa entre otras porque le prometí un libro, me da besos, me insinúa mucho más de lo que te imaginas y yo le digo hablemos otro día, c´est la vie, y el me dice que le gustaría verme estudiar, estás loco pero de verdad, te acompaño al transmilenio y nos hablamos mañana para cenar en el restaurante donde toco el saxofón, me gustas mucho, es una historia romántica, ¿por qué no rendirse a los pies de lo puramente absurdo y romántico? esta bien, mañana hablamos, un beso ya como si fuera algo común y corriente que viene pasando de tiempo atrás, ese animal que dejó de existir por unos momentos, nos vemos, que risa: estás loco, chao.  
domingo, marzo 21, 2004
  OLVIDO

Como era de esperarse los balances de ayer fueron cien por ciento pérdidas. Se podría decir que ante todo me he convertido en la llorona y que de mi nace un río grande y caudaloso, aguas cafés azulosas que no han encontrado desembocadura. Soy el nacimiento de una tragedia, sigo con este rollo un poco enfermizo, pensando en los pocos puertos y agarraderos de este fluir. Una fecha especial se convirtió en una fecha de quiebre: cada vez el quiebre es más profundo y la verdad es que no hay nada que pueda hacer. Se trata de la clásica historia de un amor no correspondido que se da golpes contra el muro buscando pasar ese obstáculo vital e imperceptible que se ha ergido entre el tu y el yo. Se trata de lidiar con el ateísmo más inhumano: no creer en el amor. Media hora de risas y media hora de llanto. Cinco segundos de caricias y todo el tiempo del mundo entre lo uno y lo otro. El mundo, desde éste ángulo narrativo, se convierte en una manifestación de otro mundo. He caído en la escición del melancólico y saturnino que no puede nunca estar vigilante de lo que tiene ante los ojos si no que escarba detrás de la realidad haciendo de lo real una apariencia o, lo que es lo mismo, haciendo de la apariencia algo real. Es como un volcarse hacia el fetiche, hacer que la cosa se vuelva una idea primaria, hacer que la persona se vuelva un concepto contra el cual lucho desde la mirada arrastrada de una serpiente que se muerde la cola. Es algo así como una reacción en cadena, paf paf paf paf pum, que se auto lesiona y se auto destruye. La mezcla de elementos que se une para su desaparición, su explosión, bomba atómica. ¿Puede haber algo más anarquista que este comportamiento? En lugar de mecerse en vínculos comprensivos me zambullo en las relaciones que se niegan permanentemente y que no quieren llegar a tipo alguno de definición. La lágrima se maneja sola y viene de ese mundo que ejerce tiranía invisible. Estos concepto ya se están saliendo de sus límites, perdieron la casilla, tomaron el tren al salto del tequendama.  
viernes, marzo 19, 2004
  CAPULLITO

Es un día antes del día en el que oficialmente me doy cuenta que ya no formo parte de la vida de B.A. que es prácticamente el accionista mayoritarío de la mía. Mañana es su cumpleaños, es decir, el día de mi no celebración del cumpleaños, el día en el que yo me tengo que pisar la lengua para no mostrar mis puntos débiles. Qué ridículas son las fechas especiales, sobretodo sabiendo que son un día como cualquier otro. Me tocará colgarme de una nube para desvanecerme y luego caer como lluvia. Esconderme del destino fatal que me acecha como Fausto pidiéndole a los planetas que dejen de girar, que conviertan una hora en un día, un mes, un año. Mi primer impulso es hacer como si nada hubiera pasado y pasar el día como una melcocha, gelatinosa, dulce pero ácida, a su lado pero no tan cerquita. Es increíble que en este momento sienta ese impulso como algo lejano: ya no es un impulso, se fué volando, salió de mí. Apenas se nombra algo se cura, se alivia, se exorcisa, desaparece, se vuelve la misma nada que forma la palabra. Pareciera que me estuviera obligando a pensar que todo esto es demasiado trascendental cuando deep down inside no lo es tanto. En todo caso, pase lo que pase, no voy a seguir ningín impulso -me niego a seguir actuando bajo el principio de la animalidad- pero tampoco ningún plan, ningún pensamiento -me niego a sucumbir a la tiranía pues ante todo, la anarquía- en otras palabras, sólo me queda el silencio indiferente de estas pocas letras que me doy el privilegio de escribir luego de una visita de Lady D. donde comimos una deliciosa pasta queso azul y cantamos capullito de alelí (sigo con nat king cole) mientras tratábamos de convertir el escenario en una isla no se en dónde con mucho verde y mucha música deliciosa y placentera, suavecita y ventiadita. La mejor manera de tomarse un whiskey y de dejar todo a un lado. 
sábado, marzo 13, 2004
  TIRANIA

Es obvio, todo esto no es más que una forma de tiranía, de la más envilecida y cruel de todas las posibles formas de tiranía: el abuso de la mente sobre el cuerpo. He aprendido muy bien a escuchar demasiado lo que esas voces de adentro dicen y callan. 
  TREMENDO TREMENS

Tengo la inevitable tendencia a ser alarmista, a dejarme llevar por el segundo, por the very firstlings of my heart, de no ponerle freno al delirio, de no decir no, me dejo llevar por la corriente interna e incontrolable de lo de adentro, esos monstruos que me han expulsado del paraíso. Trágica: la vida es una tragedia cantada por Nat King Cole en español. Tiene ese encanto de lo exótico y de lo anticuado, al menos desde mi propia moral romántica, pero es ante todo algo así como un bolero sobre el desamor. ¿Cuándo? ¿Còmo? ¿Dónde? Nada que decir, no hay tiempo, no hay modo, no hay lugar para todo esto que siento y que me da este extraño estado de éxtasis, de este estar fuera de mí misma, este estar sumergida en el interior como algo ajeno. Nada. ¡Qué tragedia! Pero más que una tragedia es algo como un espectáculo de vitrina, un tableau de dolor que causa risa, una comedia del hambre, una caída de la cuerda floja, un clavado en la arena, splat. El único remedio es pasearse por el jardín riéndose de lo ridículo, cayendo de lleno en el cliché, buscando amparo en lo cursi, flameando de un lado para otro, calle arriba y calle abajo, un desfile sin público, la procesión va por dentro. Otra opción es el relato, la autobiografía, la confesión: volver a la religión y pedirle disculpas a alguien por todo este desastre que ha resultado más que nada de la ignorancia y la necedad de no haberse leído el manual de intrucciones que venía amarrado en ombligo umbilical, perdón me equivoqué, de esto no se trataba la vida, la vida es otra cosa. ¿Qué cosa? Y así pasan los días y yo.... desesperada.... y tú contestando quizás quizás, quizás-.  
Tremendo relacionado con delirium tremens, tremor, terror, una sensación similar a la que se puede tener ante la visión o la evocación de un volcán o un maremoto; show relacionado con la impersonalidad de la existencia que se muestra, histrónicamente, a varios pares de ojos desconocidos con el simple propòsito de hacer un performance, una pose de estatua: ser algo que deba mirarse.

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